lunes, 8 de noviembre de 2010

Leyenda de la iguana y la serpiente de cascabel

Cuenta una leyenda popular que hace mucho tiempo una iguana y una serpiente de cascabel se enfrascaron en una dura discusión. Todo empezó porque la iguana presumía de ser “el animal más venenoso del bosque”, y la serpiente de cascabel sabía que mentía, que la iguana no era venenosa. La discusión siguió hasta que la serpiente pidió remitirse una prueba para salir de dudas. Propuso que la iguana mordiera al próximo hombre que encontrara. La iguana se sintió perdida porque en el fondo sabía que su mordida no causaría ningún efecto y que perdería la disputa.
Pero la iguana tenia de su parte una clara inteligencia. Acepto el reto con la condición de que se hiciera creer al mordido que había sido atacado por la serpiente. De esta forma, la iguana se escondió, espero y con un rapidísimo movimiento clavó sus dientes en el talón del primero que acertó a pasar. Y aún más rápidamente se ocultó. La serpiente entonces apareció y el hombre quedó paralizado al verla. Pálido, sintió cómo su cuerpo se endurecía con el veneno que suponía le había sido inyectado. Y la impresión fue tan real, que cuentan que murió víctima no del veneno, que no existía, sino de miedo, de un ataque al corazón. Moraleja: podemos sentirnos envenenados, si nuestros pensamientos nos hacen sentir un veneno mortal, incluso si no existe.

¿Por qué entonces hay gente se siente ofendida con esas iguanas que los insultan? Pero también hay que reconocer que nadie puede ofendernos a menos que mentalmente le otorguemos ese derecho. Por ejemplo, pocas personas han sido más atacadas y vituperadas que Abraham Lincoln. Se le ridiculizó en caricaturas, se le hizo víctima de los más denigrantes chistes y bromas y se le insultó con los más duros epítetos. ¿Qué hizo este hombre a quien hoy reverenciamos como el abolicionista de la esclavitud? Simplemente dijo: “Si al final todo sale bien, no habrán tenido sentido quienes me critican. Si sale mal, ni todos los ángeles del cielo que juren que tenía razón me serán de ayuda”. Él trataba de llevar adelante sus ideas y no se dejaba inocular por el veneno de los demás. Simplemente conseguía paz mental controlando sus pensamientos.

Pero saben otra cosa, a la iguana o a la serpiente, tampoco hay que devolverles la mordida, como tampoco Lincoln devolvio los insultos.
Y sobre esto Jose Marti dijo mas o menos así:


Cultivo una rosa blanca
En junio como en Enero
Para el amigo sincero
que me da su mano franca
y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo
cardos ni ortigas cultivo
cultivo una rosa blanca

Los cardos y las ortigas son yerbas ponzoñosas que hacen daño, Marti cultiva rosas no solo para sus amigos sino también para sus enemigos. Al enemigo también le responde Marti con una buena acción, con una rosa blanca, para que mañana, se cumpla el dicho "Vive de forma que cuando mueras, hasta el enterrador te llore"...porque dicen en mi tierra que "Lo cortes, no quita lo valiente"

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